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viernes, 11 de octubre de 2013

COLÓN LOS TEMPLARIOS Y EL "DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA"

Los enigmas del “descubrimiento” de América: Colón y los templarios
 
Que el llamado “descubrimiento” de América en 1492 no fue tal es algo que hace tiempo dejó de ser una afirmación herética desde el punto de vista oficial, puesto que la llegada de Eric el Rojo a las costas norteamericanas en el año 985 es asumida por la Historiografía como algo evidente. Y cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que los chinos también navegaron por costas americanas en torno al año 1421.
Algo un poco más controvertido es asociar América con el secreto de los Templarios. Las inmensas cantidades de plata que manejaron durante dos siglos, así como su enigmática e inmediata desaparación en 1314, una vez excomulgados por el Papa, precisamente a través del puerto más importante de la Orden, La Rochelle, un lugar tremendamente fortificado que no tenía ningún sentido estratégico al estar situado en la costa atlántica de Francia, apuntando hacia “ninguna parte”, son dos de los datos más usados por los investigadores para defender la hipótesis de que esta orden tenía un conocimiento de la Tierra superior al que siempre hemos considerado para la Europa medieval.
Y mucho más controvertido es entrar en la figura de Cristóbal Colón y tratar de rebatir la idea de...
que su viaje fue una aventura a lo desconocido en busca de la costa oriental de Asia. Pero, según algunos estudios de los últimos años, el Almirante sabía perfectamente adónde se dirigía.
A pesar de existir una estatua en su honor en Huelva, muy pocos conocen la historia de Alonso Sánchez, el prenauta.
Existe una teoría según la cual Colón habría asistido a un navegante durante los últimos días de vida de éste, tras aparecer náufrago en las costas de Porto Santo, en el archipiélago de Madeira, en 1474, el cual le habría contado el secreto de la existencia de tierra firme más allá del Atlántico. Este piloto, anónimo en un principio, ya fue asociado en los Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega, allá por 1609, con el onubense Alonso Sánchez.
A partir de ese encuentro, el viaje trasatlántico se habría convertido en la obsesión del Almirante. Sin entrar en las incógnitas sobre la verdadera identidad de Cristóbal Colón, cuya nacionalidad es disputada por multitud de lugares, pareciendo la identidad genovesa oficialmente aceptada la menos factible (Colón nunca habló ni escribió en lengua toscana), los datos de su oscura biografía en que todos coinciden es que durante los años ochenta del s. XV se sumió en profundos estudios navales y cartográficos buscando el soporte teórico que avalara su proyecto.
Así, en 1484 se presenta en la Corte de Juan II de Portugal para convencerle de sus ideas, pero el portugués termina rehusando avalar la aventura aunque, según dicen, utilizará la información aportada por Colón para enviar un barco a sus espaldas, con nulo éxito al no haber seguido las corrientes adecuadas. Colón, enterado de tal engaño, abandona la Corte y nada se sabe de él hasta su reaparición en España en 1486.
Surge aquí un vacío biográfico de un año que podría ser llenado con los datos existentes en el enigmático mapa de Piri Reis, elaborado en 1513 a partir de otros mapas más antiguos existentes en la Biblioteca Imperial de Constantinopla y que cuenta con informaciones geológicas aún “desconocidas” por esa época. Según una de las leyendas que aparecen en este mapa, Colón llegó a América en 1485.
Un dato muy relevante al respecto es lo que se dice al comienzo de las Capitulaciones de Santa Fe, documento firmado en abril de 1492, cuatro meses antes de su partida oficial, por el cual se establecen las condiciones para la relación entre los Reyes Católicos y el navegante:
2Las cosas suplicadas e que Vuestras Altezas dan e otorgan a don Christoval de Colon, en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las Mares Oceanas y del viage que agora, con el ayuda de Dios, ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen" (texto completo)
Aquí se dice “de lo que ha descubierto en las Mares Oceanas”, pretérito…

Mapa de Piri Reis, 1513.
La existencia de mapamundis anteriores a 1492 deja en entredicho muchas teorías que aún siguen siendo intocables. Estos documentos habrían llegado a Europa a través de las escuelas árabes y judías, entre ellas la mallorquina de Cresques, las cuales habrían guardado con enorme celo la información allí contenida. De hecho, hay quienes creen poder aportar datos sobre la presencia árabe en América.
Y son muchos los que parecen tener claro que Colón accedió a algunos de estos documentos en sus investigaciones. Más allá, el investigador José Antonio Hurtado introduce un nuevo factor a tener en cuenta: el acceso de Colón a información templaria. Y es que la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo habría manejado tales mapas desde su origen. Por algo fueron custodios de Tierra Santa.
Las referencias de Colón a la orden desaparecida casi dos siglos antes no parece tan descabellada, y es que son pocos los que  parecen querer darle la importancia que se merece al principal emblema de las naves que formaron la expedición de 1492, que no es otro que la presencia de las cruces templarias en sus velas.

Libro: "Colón y la carta templaria", Jose Antonio Hurtado.
Según analiza en su libro Colón y la carta templaria, todo el proyecto de Cristóbal Colón estaría montado sobre los estudios de navegación de la orden templaria, la cual habría usado una ruta que pasaba por la isla de El Hierro para aprovechar los vientos favorables y cuyo destino era la actual Nicaragua, a través de cuyos ríos podían alcanzar las costas del Pacífico. Y ese habría sido el objetivo del Almirante en sus sucesivos viajes. Esto explicaría por qué Juan II no quiso, o mejor dicho, no pudo sufragar el viaje, pues se arriesgaba a que la reina Isabel le despojara de todo lo logrado al haber necesitado usar un puerto castellano, y de ahí que decidiera emprender una aventura por cuenta propia que, al no usar la ruta adecuada, estaba condenada al fracaso.
Y ello explicaría también por qué hubo que mantener el secreto de conocimientos previos. Si los Reyes Católicos no hubieran disfrazado el viaje como descubrimiento, hubieran entrado en litigio con media cristiandad, pues los territorios americanos habrían sido considerados pertenecientes al Temple y a sus herederos, con lo que muchos se les habrían echado encima inmediatamente, entre ellos los franceses. Y explicaría además la razón del Tratado de Tordesillas, por el que se hizo partícipe a Portugal del reparto de tierras. ¿Compraron acaso el silencio de Juan II?

La cruz templaria fue el principal distintivo de las expediciones colombinas.
El interés del viaje, además del evidente fin material, habría estado jalonado por una intención enormemente “espiritual” sobre todo en el caso del rey Fernando, el cual soñaba con protagonizar la última cruzada de la cristiandad. Una vez conquistada Granada, quedaba emprender la reconquista de Jerusalén, y para ello Colón le ofrecía contactar y rescatar para su causa al mayor símbolo de la Historia de las Cruzadas, los excomulgados herederos del Temple, lo cual habría sido un descomunal golpe de efecto y un espaldarazo definitivo a su causa de haberlo logrado. De ahí su “obsesión” por las cruces, las cuales, además de la identificación de las naves como amigas de templarios, tendrían como objetivo, lejos de cristianizar indígenas, dejar marcas de su paso para aquellos supuestos herederos de la Orden con el fin de que le pudieran contactar. Esto se vincularía con la hipótesis según la cual las naves no zarparon de Palos hasta que estuvo garantizada la elección del cardenal aragonés Borgia como Papa, conocido para la Historia como Alejandro VI, quien avalaría desde Roma tamaña empresa de cruzados.
La historia del descubrimiento se convierte en todo un entramado de conspiraciones y sospechas en la que todos engañan a todos para lograr sus intereses. Y entre ellos, Hernando de Colón, biógrafo oficial de su padre y a través del cual hemos heredado la historia de aquellos viajes, entregándole a fray Bartolomé de las Casas, el otro gran biógrafo oficial de Colón, unos diarios del Almirante falsificados sin pudor para así defender ante la Historia los derechos de la familia a heredar los privilegios de Don Cristóbal, dejando de lado toda cuestión que pudiera ser un obstáculo para tales intereses personales y, más allá, nacionales. Por ello, Colón tenía que ser el único e indiscutible descubridor, sin antecendentes ni informaciones heredadas que pudieran poner en peligro su autoría.
El por qué a día de hoy seguimos sin cuestionar la verdad de los viajes a América, una ruta que parece haber sido frecuentada y conocida por muchos, y ocultada en secreto por multitud de intereses y egoismos tanto patrios como personales, es algo que clama al cielo.
Por cierto, un dato final: la fecha establecida para el Descubrimiento, 12 de octubre, y cuya veracidad es dudosa, es la misma que en su día supuso el último día de libertad para los templarios, cuya persecución se inicia un 13 de octubre de 1307. Qué cosas…
Cuarto Milenio, “Cristóbal Colón y la información privilegiada”:




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