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lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Zecharia Sitchin fue un fraude?

Debate en el blog: lamentira esta ahí fuera
NO
Alan Brain
Calificar a Zecharia Sitchin de fraude o charlatán no tiene fundamento. El no falsificó nada. No engaño a nadie pues creía en su teoría, y la historia de los albores de la civilización no es, hasta ahora, una ciencia exacta. Murió en el 2010, a los noventa años de edad, rogándole a la comunidad  científica que le hiciera un examen de ADN a los restos de la reina Puabi, para así corroborar sus teorías. No importa si se equivocó al interpretar algunas tablillas sumerias, quizás Nibiru no exista o no esté donde el cree que está, quizás el Enuma Elish sea una colisión estelar lejos del Sistema Solar, quizás los Anunnaki no eran extraterrestres sino humanos de una raza desaparecida.
Equivocarse en eso no lo convierte en un fraude. Son sus teorías, ideas planteadas desde la perspectiva del investigador que se atreve a desafiar el intolerante monopolio de la verdad.
Mientras los científicos que defienden la teoría evolucionista siguen buscando al antepasado común de humanos y primates, tratan de mostrar alguna cadena evolutiva en las proteínas de las secuencias de aminoácidos de las diferentes especies, enmudecen ante el hecho de que la probabilidad de que una sola célula viviente surgiera espontáneamente de la sopa primordial es de 1/1’040,000, o cierran filas cuando alguien descubre huesos en formaciones geológicas de casi 100’000,000 de antigüedad, Zecharia Sitchin no tiene vacíos tan significativos en su teoría y tampoco la ha convertido en un pedazo de plastilina que se moldea según se necesite. Sitchin plantea que fueron los Anunnaki quienes aportaron la tecnología necesaria para el sorprendente desarrollo de algunas civilizaciones antiguas como los aztecas, los mayas, los olmecas, los egipcios y los incas, y quienes universalizaron la cultura, llevándola de un continente al otro. Esa teoría, que no es exclusiva de Sitchin pero que él desarrolla como nadie y persigue hasta el final, es una de las explicaciones más convincentes para enigmas como: los perfectos cortes de las piedras de Puma Punku en Bolivia, el nivel matemático necesario para lograr incorporar la circunferencia de la Tierra en las dimensiones de las pirámides egipcias y mayas, las gigantescas cabezas olmecas con rasgos africanos encontradas en México, el famoso avión dorado de los Tolima, los Vimanas o naves voladoras mencionadas en los textos sagrados hindúes de miles de años de antigüedad, la monstruosa piedra “Hajar el Gouble” en Baalbek con sus más de 1,500 toneladas, el desplazamiento de bloques de concreto de más de 15 toneladas a las alturas de la fortaleza de Ollantaytambo en Perú, y el extraordinario cálculo del tiempo de los sacerdotes de la cultura maya, entre otros enigmas que atormentan a los defensores de la historia convencional. Su hipótesis sobre los dioses Anunnaki que vienen a nuestro planeta a buscar oro para fines tecnológicos nos obliga a reflexionar sobre el porque de la obsesión con el metal dorado de la mayoría de las culturas antiguas.
Zecharia Sitchin fue un incansable buscador de la verdad que no aceptó la historia convencional como la única verdad. A Sitchin hay que leerlo con mente abierta, pues si bien algunas de sus premisas pueden ser equivocadas, su gran legado es el universo de interrogantes que nos presenta, y que sólo podremos ver, si dejamos de lado las convenciones y por un momento empezamos a cuestionar en vez de repetir. Sitchin nos devuelve la capacidad de volver a hacernos las preguntas primigenias. Aquellas que, hace miles de años atrás, nos hicimos el primer día que decidimos mirar al espacio…

SI
Lampuzo
 Richard P. Feynman, en una  introducción de una de sus conferencias, relataba mediante una analogía, en referencia a las reglas y el método, cómo un sacerdote maya explicaría la regla de los “cinco ciclos de Venus”, sabiendo, por observación, que se aproximan a ocho “haab”/años de 365 días y quisiéramos saber el primer paso para la predicción de su siguiente aparición. Sin duda diría que “restando dos números”. Más si se diera la circunstancia que  la operación “sustracción” fuera desconocida por los interpelantes, es probable que  diría: “Supongamos que queremos restar 236 a 584. Primero contemos 584 judías y pongámoslas en un puchero. Luego contemos 236 judías y dejémoslas a un lado. Finalmente contemos las judías que quedan en el puchero y ese el resultado de ‘sustraer’ 236 de 584”.
“Contar judías”, en definitiva, es lo que hace la Ciencia en general, ni más ni menos.
Pero cuando se trata de Historia ó de Historia Antigua, las “judías” tienen su “matiz diferente”: Pudiera darse la posibilidad de poder “recrear” tal escena. Seguramente lo que encontrarían los arqueólogos sería los restos de un puchero y unas judías esparcidas, tras arduos trabajos de meticulosa excavación y clasificación. Con mucha suerte, tal vez  una estela de piedra de la citada escena ó, tal vez, un parcial relato: “Kinich kakmó, el  bajado de los Cielos, bendiga a su Ah K’in que regaló la sabiduría del puchero y sus judías” Con estos datos conocidos podríamos deducir, como conclusión, que nuestro puchero está vinculado al conocimiento – sabemos que Kinich kakmó es el dios de la sapiencia maya – ,  que su aprendizaje, a su vez, está relacionado con la casta sacerdotal maya, los “Ah K’in”, y que las judías, así como el puchero, debieron de formar parte de algún procedimiento de enseñanza, tal vez, matemático.
Siguiendo con la analogía… ¿Como “trabajan los libre pensadores”, caso de Zecharias Sitchin…?  Tras la constatación  por parte de los arqueólogos que las judías encontradas son 20 dentro del  área más cercana a los restos del puchero y 15 en un perímetro mas exterior, Sitchin procedería a “interpretar” estos fidedignos datos, diciéndonos  que el número 20 son los ciclos de Venus – número sagrado de los mayas por ser la base numérica con que contaban y determinado el interés de los mayas en la  observación del citado planeta –y que concordarían con la bajada “desde los Cielos” del dios maya –  aquí citaría al arqueólogo jefe que encontró el puchero -. Nos aseguraría que 20 veces 15 ciclos, “operación matemática”, desde el comienzo del calendario maya, sería  cuando el planeta de Kinich kakmó.  - un desconocido “exoplaneta” llamado “La octava tortuga” y  supuesto primigénio origen mítico de éstos seres divinos de superior inteligencia -,   chocará contra la Tierra u otros relatos de semejante entidad.
Formando parte de su conclusión final, Feynman nos dice que hipótesis como las anteriores, hoy en día, no aportan nada ni al conocimiento, ni a la Ciencia en general porque no tienen que ver con el hecho principal constatable y que en nuestro hipotético caso trata de un procedimiento para enseñar operaciones matemáticas simples en el contexto de la antigua cultura maya.
 “No cuentan judías”.

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