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martes, 29 de abril de 2014

El santo ocho: ADN y la ogdóadda divina

Fuente: Original
Hay una gran diferencia entre conciencia y Conciencia, entre tomar conciencia y ser Consciente. Ala mayoría parecerá que hay poca o ninguna diferencia. Para tomar conciencia, uno debe tener una imagen, una idea, un concepto, un recuerdo o una historia en relación con aquello de lo que está tomando conciencia.

Cuando contemplas un árbol, sabes que es un árbol con unas ciertas características, de un cierto tipo, tamaño y color. Pero para ser Consciente de tu realidad, necesitas verla directamente, con todo tu ser, sin ninguna idea abstracta acerca de lo que es.

La mente ha construido su propia realidad, o lo que ella llama realidad, a partir de abstracciones de la realidad. Pero ésa no es la Realidad. De modo que decir que todos somos conciencia es no comprender esta Realidad. Ver que somos la Conciencia Misma es mucho más exacto.

Podría parecer que estoy siendo quisquilloso con el uso y el significado de las palabras. Pero es algo mucho más profundo que eso. Si no empezamos a ver cómo funcionan la mente y sus ideas, no captaremos el verdadero significado de lo que está más allá de este proceso conceptual.
Todo el problema de la humanidad está en el hecho de vivir en la niebla de las ideas. Las ideas no son reales. No importa cuán cerca parezcan estar de aquello que estamos intentando comprender describir o explicar, las ideas no son más que imágenes de alguna cosa y nunca la cosa misma.

Estamos tan perdidos en ese proceso, que nos hemos convertido en el proceso, en el ego. Cuando dices que has tomado conciencia de algo, la que lo ha hecho es la máquina de ideas llamada "yo". Y ésta no es consciente en absoluto. En dicho estado, que aceptamos como normal, siempre estamos fuera de la vida, intentando mirar hacia dentro.

Cuando despertamos, cuando nos iluminamos, esa niebla desaparece y uno ve la Realidad directamente, en cuanto pura Conciencia. Cuando somos totalmente conscientes de algo, salimos del mundo de los sueños y entramos en la Realidad, en cuanto la Realidad. Un o ve (no piensa ni cree) con la totalidad de su ser, con el Corazón, que no hay "fuera" ni "dentro", que sólo hay una Vida en Su Plenitud, Despertamos al hecho de que estamos soñando y que toda la humanidad está soñando. Esto representa una profunda transformación de nuestro Ser. Ya no vemos una cosa o a una persona como algo que está fuera de nosotros. Nosotros somos la Vida y no tenemos fin.

No aceptes eso de que somos conciencia; nosotros estamos más allá, y antes de la conciencia. Sin embargo, seguimos utilizando la conciencia, porque es una herramienta útil, sin la cual no podríamos estar. Pero la herramienta no es el Ser. Cuando despiertes, verás claramente la diferencia.La cuenta regresiva de 5.125 años del Tzol Kin, que empezó en Sumeria , está llegando a su fin, lo cual se producirá el 21 de diciembre del año Gregoriano 2.012.
Cada ciclo de 20 años se denomina con el nombre de Katum, el último de los cuales va desde el año 1992 hasta el 2012. Dicho Katun ha sido llamado el Salón de los Espejos; la razón de esa denominación no era muy clara, pero, a raíz del ordenamiento de los 260 Kines del Tzol Kin, de acuerdo con los 20 Sellos Guía y las 13 Lunas o Tonos surge con absoluta claridad la razón de dicho nombre.
Al resaltar los 52 Kines Umbrales Galácticos, los cuales representan portales de actividad de la conciencia humana, y los 64 Hexagramas del I Ching chino, que enseñan las permutaciones posibles del ser humano en el mundo de las formas o mundo de la ilusión, se obtienen dos grupos de Kines, en cada uno de los cuales se pueden observar espejos oblicuos, que permiten entender la evolución de la especie humana, desde la Esencia Divina hasta la Ascensión Colectiva, pasando por la individualización de cada Ser, como Cuerpo – Mente – Alma en el mundo de las formas.
La Percepción Directa es nuestra auténtica forma de ver. Cuando la mente, que no es otra cosa que un conjunto de ideas y creencias, está quieta, tenemos una percepción directa de lo que es. Cuando somos totalmente conscientes no ignoramos lo que hay en nuestro entorno. Percibimos con inteligencia y actuamos con claridad. Únicamente las mentes así pueden ver con claridad lo que debe hacerse en el mundo para producir una transformación. Realmente, depende de ti. El hecho de que estés leyendo esto indica que estás preparado para examinar todo el proceso del ego y para liberarte de él. Iremos despertando, uno a uno, y los que despertemos crearemos la energía para ayudar a otros a despertar. No hay nada en nuestro pasado que pueda salvar al mundo. Únicamente en la transformación total hay esperanza.
Siempre que se empieza una disciplina, por ejemplo, música, pintura, religión, etc, lo primero que se aprende es una especie de lenguaje, un argot, un idioma; existe un leguaje propio. El lenguaje del ocultismo es el símbolo: las cruces, los sellos, los signos, las marcas...
Algo tan común como el alfabeto originalmente nace de verdaderos ideogramas; eran representaciones de conceptos, eran símbolos, eran ideas complejas. La clave del símbolo es que nos pasa por delante de las narices y, si no lo conocemos, no lo vemos.
Tomemos por ejemplo la Cruz Templaria: lo que normalmente se ignora es que está definida como un octógono perfecto. Todo lo que son construcciones y esculturas templarias gira en torno al 8; está lleno de estructuras octogonales, de ermitas octogonales, de templos octogonales. Los Templarios eran fieles al concepto del ocho y a la construcción de planta octogonal. Hay una razón para ello: el 8, desde tiempos muy pretéritos, el octógono, se consideraba el punto intermedio entre el cuadrado que es el mundo, lo material, lo físico, y el círculo, que representa el cielo, a lo divino.
  • Cuadrado: estructura básica de la materia, cuatro elementos de los que se constituye la materia (fuego, agua, aire y tierra). Cuatro los aminoacidos del ADN -gaunina, timina, citosina y adenina- . Cuatro los puntos Cardnales. Cuatro las Rstaciones del año.
  • Círculo: es un polígono de lados infinitos; idea de perfección; al ser infinito se acerca al concepto de Dios.
El octógono representaba el enlace entre el ser humano y el cielo, un poco el punto de transición, el punto de contacto. El 8 se convierte en uno de los grandes números simbólicos incluso en otras culturas como la china, donde por ejemplo encontramos el I Ching, que se basa también en el 8 (ocho trigramas).

8/64

El concepto de 8 aparece en muchísimas cosas. El cuadrado de 8 es 64 que además de enlazar con todo este simbolismo está repetido, extendido y planteado hasta el abuso. El tablero de ajedrez tiene 64 casillas, la Oca también, el parchís tiene 64 casillas también (en realidad son 68 pero 4 son neutras, que son las de la salida y al final se restan). El parchís está dividido en 4 colores que además corresponden con los cuatro elementos tradicionales del esoterismo antiguo, que cuando llegan al punto de subida tienen que recorrer justo 10 casillas hasta llegar al máximo, a la victoria, a la iluminación (diez esferas del Árbol de la Vida) después de recorrer el camino de la vida que son las 64 casillas que hacen el camino de la iniciación.
Observamos que también el I Ching consta de 64 hexagramas.
En muchos de los juegos de los que hemos hablado no existen 64 casillas, existen 63 + 0. En la Oca la casilla 64 es la oca. En ajedrez existe un juego que se llama "la peregrinación del caballo", que es un juego de inteligencia que se plantea, en un tablero, qué recorrido hará la figura del caballo para poder pasar por todas las casillas sin repetir ninguna. No se puede hacer matemáticamente en el sentido de número, sino que se tiene que hacer en el sentido de forma, porque hay que calcular pasos (segmentos). Para que esto funcione debe empezarse en la casilla cero, sin haber hecho ningún movimiento, y el primer movimiento que hace el caballo es la casilla uno. La casilla de partida también existe, es la casilla cero, y una vez hecho el recorrido de todo el tablero se acaba en la casilla cero otra vez: la 64 y la 0 son la misma.
En I Ching 0 y 64 son iguales pero con un ciclo más.
Si nos fijamos ahora en la informática, vemos que todo el sistema de la actual informática, todo, desde los inicios, se basa en 0 y 1, yin/yang, cuadros blancos y negros.
Código binario:
  • Pasa la corriente: 1
  • No pasa la corriente: 0
El sistema binario se basa en el uso de sólo dos números, el 0 y el 1.
La informática no sólo se basa en 0 y 1, sino que además resulta que se sustenta sobre base 8. La unidad básica de información 0/1 se llama "bit", pero manejarse con eso es problemático; es más cómodo manejar paquetes de ceros y unos denominados bytes u octetos, es decir, paquetes de 8 bits. Los informáticos, para conseguirlo, tuvieron que hacer todas las posibles combinaciones de 8 líneas de ceros y unos. Luego todo se ha hecho sobre múltiplos de 8... 256 carácteres distintos para trabajar. Hay que decir que de los 256 carácteres del código ASCII, que es el estándar común entre todas las computadoras, los primeros 32 códigos son de control y no aparecen en la pantalla. 256:32=8 Es curioso que algo que los antiguos captaron como un simbolismo importante, que detectaron como clave, que lo veían en la naturaleza y que lo pillaron no se sabe muy claro de dónde, el 8, los múltiplos de 8 (8x8=64) resulta que la informática lo ha retomado, lo ha estructurado y lo ha trabajado con los mismos códigos.
Pero hay algo aún más complejo porque no depende de la mano humana, y los antiguos, cuando hicieron su trabajo no lo podían saber. Cuando una célula se fertiliza y se convierte en embrión, se ha observado que en las primeras fases es imposible distinguir a un elefante de un mosquito por la forma. Se muestra un mismo tipo de figura hasta un momento, a partir de entonces pueden diferenciarse las características particulares del animal. El proceso hasta ese punto es el mismo para todas las especies. Resulta que la célula empieza dividiéndose (mitosis) en dos, cuatro, ... que además las células se distribuyen formando una especie de tetraedro 8, 16, 32, 64, ..., apareciendo una forma nueva que ya no es la simple división, a la que llamamos "mórula". La mórula lo que hace es desarrollar un canal que con el tiempo se convertirá en el aparato digestivo boca/ano. Hasta llegar a la mórula todas las células de cualquier tipo de especie desarrollan lo mismo; es en la mórula donde empiezan a crearse las primeras particularidades y las primeras diferenciaciones de la cosa. La mórula ocurre exactamente en la división 64, ni antes ni después.
Recapitulando, el concepto de 64 lo encontramos en el I Ching (que nació en la China mucho antes de Cristo), en la Oca (se cree que nació en China), en el ajedrez (que viene de los árabes pero puede ser que haya venido de la India)... Toda esta gente no podía saber lo que era una mórula, no podían saber lo que era la división celular.
Los 64 hexagramas del I Ching podrían ser códigos de medida espacial. Cuando se define un punto nosotros estamos en él, todo existe en relación a nosotros. El mundo es lo que nosotros vemos y nosotros somos el centro del mundo. La teoría del espacio curvo dice que si algo sale disparado hacia delante en línea recta durante mucho tiempo acabará apareciendo por detrás, como si el espacio fuera a parar al mismo punto de salida. Somos el punto más cercano y más alejado al mismo tiempo.
Tenemos ocho puntos: además de ir podemos volver, definimos tres flechas más vueltas más la posible dirección de un punto a otro punto. Luego es una coordenada cartográfica, una dirección. Para establecer todas las posibles direcciones dentro de un mapa tridimensional necesitamos 64 hexagramas. La pregunta es: ¿los antiguos chinos sabían tanto? Son ejes de coordenadas más sencillos que XYZ. Los hexagramas del I Ching son números binarios en orden lógico; en lo que se ha publicado por ahí, están desordenados. ¿Los antiguos chinos colocaban los hexagramas en el orden binario correcto? Efectivamente, en los textos chinos más antiguos el orden de los hexagramas del I Ching no es el que se usa en los libros de adivinación. El orden era el correcto, luego sabían el orden binario; se ha de entender el binario, al azar no sale. Los chinos sabían el código binario y sobre él trabajaban el I Ching (64); pero no solamente encontramos esta relación con el 64 del I Ching, sino que en 1973 el científico Martin Schönberger demostró que los 64 hexagramas del I Ching se corresponden con los 64 codones del ADN, en concreto del ARN.  (Para más información sobre la relación entre el I Ching y el ADN, podéis consultar entre otras las siguientes fuentes: I Ching, El Tao del ADN, El I Ching y la Genética Moderna).

Paralelismos entre el ADN y el I Ching Estructura, composición y función del ADN

El ADN es el material hereditario presente en todos los seres vivos (con la excepción de algunos tipos de virus) que se encarga de transmitir la información genética entre los progenitores y su descendencia. El ADN se localiza en el núcleo de las células y está formado por dos hebras compuestas de múltiples unidades encadenadas, llamadas nucleótidos, que se enrollan entre si formando una doble hélice (Figura 1A). Éstos nucleótidos se componen a su vez de tres compuestos químicos: una pentosa llamada desoxirribosa, un grupo fosfato y una base nitrogenada. Los dos primeros componentes se mantienen fijos mientras que las bases nitrogenadas son variables y se encargan de almacenar la información del ADN. Existen dos tipos de bases nitrogendas, las púricas y las pirimidínicas, que a su vez se dividen en dos subtipos en el ADN: la adenina (A) y la guanina (G) son bases púricas, y la citosina (C) y la timina (T) son pirimidínicas(YING/YANG). Las dos hebras del ADN son complementarias, ya que la A de una de las hebras se une siempre con la T de la hebra opuesta, y la G se une con la C. Cada par A-T o G-C se denomina "par de bases", y el apareamiento entre A y T tiene lugar mediante dos enlaces químicos (llamados enlaces de hidrógeno), y entre G y C mediante tres enlaces (Figura 1B). Asi, las letras A, G, C y T, representan el abecedario del cual se compone el lenguaje del ADN.
El ADN completo de tan solo una célula de nuestro cuerpo, también llamado genoma, contiene unos 3 mil millones de letras, que servirían por ejemplo para llenar una enciclopedia de 600 volúmenes de 1000 páginas. Esta encicopledia se replica en cada división celular de manera que cada célula hija tiene la misma dotación genética que la célula madre. El ADN esta altamente...
compactado en el núcleo celular (Figura 2), y se distribuye en 46 cromosomas (22 pares de cromosomas autosómicos y 2 cromosomas sexulales, llamados XX en mujeres y XY en hombres). Para hacerse una idea de su grado de compactación, si estirásemos el ADN de tan solo una célula, mediría aproximadamente 1.8 metros.
Figura 2: Compactación del ADN

Pero, ¿cuál es el significado de la enciclopedia del ADN? La secuencia del ADN contiene unidades básicas con significado llamadas genes. Asi, un gen constituye la unidad física de la herencia y contiene la información necesaria para crear una proteína, que lleva a cabo una determinada función celular. Hoy día se considera que tenemos unos 20.000-24.000 genes, que representan la parte codificante del genoma humano y constituyen aproximadamente el 2% del genoma completo. Esto implica que el 98% restante no contiene genes o unidades básicas de información. En la década de los 80, el término "ADN basura" se puso de moda para designar ese alto porcentage del genoma sin genes ni significado aparente, y que se consideraba un producto de deshecho del proceso evolutivo. Durante los últimos años, el ADN basura ha pasado a la historia como un término desafortunado, y se ha reemplazado por el de ADN no codificante, es decir, un ADN que no codifica ninguna proteína, pero que puede cumplir otras funciones. De hecho, los últimos descubrimientos indican que el ADN no codificante está implicado en múltiples funciones reguladoras y posiblemente en otras muchas funciones desconocidas hasta la fecha . El mechanismo molecular mediante el cual la información de un gen es descifrada para dar lugar a una proteína se basa en varios procesos celulares complejos que constituyen el dogma central de la genética molecular (Figura 3).

Figura 3: Esquema del dogma central de la genética.
El ADN se transcribe a ARNm (ácido ribonucleico mensajero) en el núcleo de la célula. El ARNm tiene una secuencia idéntica a una de las dos hebras de ADN (llamada positiva o sentido), pero en vez de timina contiene uracilo (U), y se compone por lo tanto de A, U, G y C. Este ARNm transporta el mensaje del ADN desde el núcleo al citoplasma de la célula, donde la secuencia de nucleótidos se traduce a traves de un proceso que incluye otro tipo de ARN, llamado ARNt (o de transferencia), y los ribosomas (un complejo intracelular compuesto de proteínas ribosomales y ARN ribosomal). En este proceso, tres nucleótidos del ARNm (llamados triplete o codón) se emparejan con tres nucleótidos complemetarios del ARNt (llamados anticodón). Cada ARNt contiene un determinado codón y se asocia o bien a un aminoácido concreto (o unidad básica para sintetizar una proteína) o bien a una señal terminación de la síntesis protéica.
La clave de todo este proceso se encuentra en el código genético, que contiene la lista de correspondencias entre codones y aminoácidos o señales de terminación. De esta manera, la información del ARNm es leída linealmente por el ARNt dentro de un ribosoma para crear una cadena de aminoácidos que darán lugar a una proteína funcional, por ejemplo, una enzima. Los 4 tipos de nucleótidos se asocian en unidades de tres en el proceso de descodificación, y por lo tanto existen 4x4x4 = 64 combinaciones (o codones) diferentes. El código genético presenta cierta redundancia, ya que como las proteínas se componen de 20 tipos de aminoácidos distintos, hay aminoácidos que son codificados por más de un codón.

Las 64 casillas del ajedrez se dividen en 32 blancas y 32 negras. El Árbol de la Vida hebreo tiene 22 senderos y 10 esferas considerados todos ellos como senderos, por tanto tiene 32 senderos, pero todas las esferas y senderos son de subida y de bajada, es decir corriente descendente y ascendente, por tanto hay 32 senderos yang de subida y 32 yin de bajada. 32 blancos y 32 negros del ajedrez = 64.
Quizás es que ha habido una sabiduría oculta, eterna, mantenida por algunos sabios, algunos iniciados, y que esa sabiduría se ha ido transmitiendo y adaptando a distintas culturas, pero en el fondo, bajo distintos aspectos, todos decían lo mismo. Cuando empezamos a darnos cuenta de esto, nos encontramos que a través del lenguaje del símbolo hay una corriente de sabiduría que está por ahí y que merece la pena ser investigada: es el ocultismo o esoterismo o hermetismo.

Hermético se ha convertido en sinónimo de cerrado, de secretismo, de oculto, aunque realmente procede de Hermes, Hermes Trismegisto, el dios Mercurio romano, el Thot egigcio, el Quezacoalt maya. El símbolo de Hermes es el caduceo con las dos serpientes gemelas enroscándose en torno a un palo central, que representan el equilibrio entre dos corrientes opuestas, bipolares y espirales. Nos encontramos ante una dualidad universal: Yin - Yang; masculino - femenino; activo - pasivo; fuerza en ascenso - fuerza en descenso.
Las serpientes forman ochos, recordando así a la estructura de doble hélice del ADN, y esto de que forman ochos no está cogido por los pelos porque a Hermes en Egipto le llamaban el Señor del 8, el Señor de la ogdóada. Se le había consagrado una ciudad que se llamaba Hermópolis y allí existía un culto a Hermes, al dios 8 y a la Ogdóada, que era un conjunto de ocho entidades; El panteón de Hermópolis eran 8 dioses dirigidos por Hermes. Y en el Árbol de la Vida la esfera de Mercurio es, por supuesto, la esfera número 8, llamada Hod.
El símbolo del caduceo recuerda a las figuras que en la India representan a un hombre con sus chakras y la serpiente de energía que asciende por su columna. Junto a los chakras también se representan dos serpientes gemelas, una blanca y una negra, la corriente solar y la lunar, la positiva que desciende del cielo, la negativa que asciende de la tierra. Dos circuitos de energía, dos cables de corriente eléctrica que se llaman Ida y Pingala. La kundalini se mueve entre dos serpientes, la blanca y la negra, la energía solar y la lunar. La columna vertebral con cerebro y dos serpientes (Ida y Pingala) subiendo por la columna es la imagen del caduceo, es la misma figura.
Hermes en algún sentido estaba planteando un significado muy parecido al significado que tenían los hindúes cuando hablaban de la energía interior y su elevación. Y el caduceo no sólo muestra lo que en la India sería el cerebro, sino que además tiene las dos alitas de Hermes (idea de volar, de ascender). Es decir, si se trabaja la sabiduría de Hermes, la energía al ascender eleva la consciencia.
La figura de Hermes aparece en múltiples referencias arquitectónicas; por ejemplo, en Barcelona en la zona del Born. Es el símbolo de la iluminación, símbolo de la sabiduría hermética que empezó siendo de Hermes y finalmente hermético se convirtió en sinónimo de oculto, esotérico, cerrado; no se permite la entrada salvo a los que demuestren que valen.  Es un conocimiento que deliberadamente se mantiene a un nivel secreto o discreto. Está oculto porque lo que se intenta transmitir no es fácil, requiere un cambio en la percepción, un cambio en la comprensión para poder asimilarlo. Requiere que se tenga una mayor lucidez... a menudo todo lo que sabemos es el principal obstáculo para que podamos aprender.
Aunque las claves y secretos del ocultismo se gritaran a voz en cuello, sólo entendería el que estuviera preparado para ello. El conocimiento solamente es válido cuando es comprendido, intelectualizarlo no sirve de nada... es muy fácil perderse. Sólo se comprende, se revela cuando uno ha hecho un trabajo muy concreto consigo mismo. Tiene que haber voluntad y predisposición. Por otro lado no se difunde por preservación. Hubo un tiempo en el que ser ocultista era sinónimo de acabar en la hoguera.

Oculto es lo que está escondido, lo que no se ve, así es también aplicable a lo que va por dentro, a lo interior, es decir, lo esotérico. Ocultismo es un término acuñado a mediados del siglo XIX para designar el estudio y experimentación de las fuerzas ocultas de la naturaleza que, en cualquiera de sus vertientes, se ha praticado a lo largo de la Historia.

El concepto es que hay un conocimiento secreto; ese conocimiento no es debido al azar ni arbitrario, ya que además si lo observamos lo encontramos con los mismos parámetros en muy distintas partes del mundo. Y ese conocimiento secreto no es arbitrario porque lo encontramos en correlación con los modernos descubrimientos de la ciencia, lo encontramos como clave de cosas que nos da la misma naturaleza.
Si nos perdemos que hay un conocimiento secreto, que es coherente y que puede entrar en armonía con la ciencia, que a pesar de las diferencias aparentes en contenido, es el mismo hablemos de la China, la India, de México, de Arabia o de Europa, si nos damos cuenta de que ese conocimiento enlaza con cosas que la misma naturaleza nos cuenta y que puede ser aplicado para entender determinados procesos del ser humano, tanto a nivel externo como a nivel interno, nos encontramos con dos cosas:
  1. El ocultismo es algo que merece la pena estudiar, conocer, al menos por todas las claves que puede aportar.
  2. Si el universo ajeno a nosotros está escrito con los mismos códigos que nuestro propio interior, funciona según las mismas leyes y responde a las mismas claves, no podemos negar que existimos en un universo en evolución.
El ocultismo no es un camino de ciencia porque ésta es limitativa, es otra forma de ciencia. No es creencia; el ocultismo tiene claves que pueden ser demostradas, analizadas, trabajadas. Tampoco es un arte pero funciona como tal, y es la suma de todas las artes. El ocultismo contiene, acepta y trabaja a través del arte, escultura, pintura, cualquier tipo de plasmación simbólica de representación.
El universo por puro azar no ha podido combinarse en una estructura de orden evolutivo, comprobamos que ese orden lo han percibido los sabios de la antigüedad y lo han podido reflejar, escribir y plasmar, han trabajado con él y han obtenido ciertos resultados.  Cuando comprobamos que eso está ahí, se pierde el concepto de "fe"; la fe ahí no tiene sentido, se sabe, no cabe más que un tanto por ciento muy pequeño de duda, pero no una duda que venga de la falta de fe, es una creencia que viene de la lógica; el tanto por ciento de dudas es el mismo que las probabilidades de que un mono escribiendo sin parar lograra el Quijote al cabo del tiempo.

Mientras no se desvirtúe se puede modernizar el ocultismo, adaptar el lenguaje moderno al conocimiento de siempre. La física cuántica es una de las cosas que más cerca está del ocultismo. En informática y física cuántica los conceptos son básicamente los mismos que en esoterismo, lo único que cambia es el lenguaje.
El Ocho contiene un simbolismo misterioso dentro de lo oculto.
Podemos comenzar con la forma del cero, la No-Cosa, lo desconocido de lo que todo brotaría. En el  momento en que el Cero decide manifestarse, se produce la primera acción. El Cero establece un punto en su centro, o, mejor aún, se constriñe por su parte central, dejando a ambos lados de esa constricción lo mismo que había sido hasta ahora, es decir, Ceros. Si miramos el símbolo del Infinito, que no es sino un Ocho horizontal, veremos precisamente esto:Aunque pueda parecer complicado, esto es matemáticamente correcto porque el Cero, o Todo, no ha sufrido realmente variación alguna 0+0=0.


Pero ese punto en medio del Cero, ese punto separador entre 0 y 0, siendo que no es más que un concepto es, sin embargo, el Uno, la clave de la Creación, un centro en torno al cual puede pivotar toda cuanta está destinado a existir. Y no contento con esto, el Todo dará un paso más dando lugar al primer movimiento. Y el primer movimiento debería ser, lógicamente, el movimiento principal que podemos encontrar en nuestro Universo: el giro. El giro, la espiral y la onda son las claves de nuestra percepción y de lo manifestado, y variantes de un mismo movimiento.

Pero ese movimiento hace girar a cada una de las partes del símbolo en direcciones opuestas, expresando así la absoluta diferenciación, la absoluta dolarización, manteniendo, no obstante, la igualdad. Uno de los lados tiende hacia lo Positivo infinito, mientras que el otro tiende al Negativo Infinito. Esta separación permite la acción, pero mantiene la igualdad porque:
-Infinito+Infinito = 0
Aunque algunos preferirán decir que:  -Infnito+lnfinito = lnfinito
En ambos casos estamos hablando de la mismo. Pero esos dos valores absolutos que separan el punto "0", que se diferencian y se complementan, no deberían entenderse en términos morales (positivo = bueno, negativo = malo), sino en términos de polaridad. Una lectura sobre la filosofía oriental en torno al Yin y al Yang podría ser aquí ilustradora ya que precisamente de eso es de lo que estamos hablando.

El Yin es vacío, concentración, contracción, absorción, femineidad, oscuridad, carencia... mientras el Yang es plenitud, dispersión, expansión, proyección, masculinidad, luz, entrega... El Yin crea un vacío que atrae irremisiblemente al Yang, y el Yang busca constantemente un espacio donde expandirse, que le proporciona el Yin. Se necesitan, se buscan, se complementan... y al mismo tiempo se repelen y rechazan porque algo (el Uno) mantiene una barrera entre ellos hasta que la Obra concluya. Este simbolismo aparece claramente en el símbolo taoísta del Yin y el Yang, el cual, por cierto, presenta nuevamente dos mitades buscándose una a otra componiendo, no obstante, una totalidad entre las dos que no es más que un número Cero.

Leemos en "Yin y Yang", de J.C. Cooper:
"Estas fuerzas se expresan a través de los dos grandes poderes, el Yin y el Yang, las formas alternativas de la fuerza creativa tal como se manifiesta en el mundo: ellas son la substancia primordial de la diferenciación, el yin es lo físico, lo emocional, cerebral, la inercia, lo cuadrado; el yang es la inteligencia, la energía, Io espiritual, el circulo. Son Io pasivo y lo activo, la resistencia y la generación, mantenidas en proporción por la energía gastada. Todo Io que está implicado en el concepto del Yin y el Yang viene a decir que es inseparable, incapaz de mantenerse salvo en la relación entre ellos. Son dos aspectos del mismo poder; pero en una polaridad distinta de la dualidad absoluta".
La actividad de esta triada (la dualidad más el Uno) produce la Manifestación, resultante de las infinitas combinaciones de esas dos fuerzas y representada por los ocho (ocho!) trigramas del I Ching y por sus 64 (8x8) hexagramas. El Cuatro (viéndolo como totalidad) o el Siete (viéndolo como porciones expresadas) nacen de este acto. El tablero de ajedrez, un cuadrado compuesto a su vez de 64 casillas cuadradas, 32 blancas y 32 negras, ilustra esta relación del Cuatro con el Ocho.

Podríamos ver, después de lo expuesto, que si el símbolo del Infinito muestra esta idea de separación en un sentido horizontal (Yin-Yang), el Ocho ilustra la misma idea en un sentido vertical: Los Tres Superiores correspondiendo al círculo superior y el Cuatro o los Siete inferiores (según la versión que elijamos) en el inferior.

En la Kabbalah, el Árbol de la Vida colocaría el "punto de torsión" en la enigmática esfera llamada Daath (el sephirah invisible), separando la Divinidad de la Individualidad: Pero   como "al igual que es arriba es abajo, la Individualidad misma expresa, a su vez, un Ocho menor a semejanza del Ocho mayor. Aquí, el "punto de torsión" recaería en Tiphereth, la "esfera Crística", separando por su lado superior a la triada compuesta por Geburah (el Deseo Superior), Gedulah (la Ley Superior) y el propio Daath (representación de y conexión con los Tres Supernos), y por su lado inferior otra vez al cuatro, compuesto por Hod, Netzach, Yesod y Malkuth. Este cuaternario recoge la personalidad y las características humanas.

Y volvemos a verlo, una vez más, si tomamos Yesod (lo psíquico, lo astral) como punto de torsión que enlaza una triada (otra vez!) evolutiva compuesta por Tiphereth ( (el misticismo, la fe, la espiritualidad, la Vía del Amor), Hod (el intelecto, la razón, el análisis, el descubrimiento de las leyes la Vía del Conocimiento o Luz), y Netzach (la Naturaleza, la pasión, el deseo humane: la Vía del Poder) con la intima esfera, Malkuth, la esfera de los Cuatro elementos (otra vez el Cuatro).



Y aun podríamos verlo una última vez en el mismo Malkuth cuando los kabalístas dicen que el elemento Tierra (segmento negro) no existe en si mismo sino como una combinación de los otros tres. ¿Cuál sería aquí el "punto de torsión? No está claro, pero posiblemente podríamos llamarlo, simplemente, vida.

Veríamos entonces al Árbol como un juego de cajas dentro de cajas o, aun mejor, de Ochos dentro de Ochos. Probablemente de esta figura surja la forma del Caduceo de Hermes, o la de las dos serpientes entrelazadas (nadis), que describen los hindús al hablar de los chakras y de Kundalini.
Un punto de "reflexión" : "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza", y que Yesod, la esfera de la Luna, es considerada como un espejo reflectante, y nos daremos cuenta de que el Árbol es un juego de reflejos e inversiones. Los espejos nos devuelven una imagen invertida y los Ochos invierten las polaridades a cada giro, de modo que lo que estaba a la derecha pasa a la izquierda y viceversa. Esta es una característica del Ocho que este imprime sobre la Totalidad: "lo masculino y lo femenino invierten sus papeles al cambiar de planos". Si volvemos al libro "Yin y Yang" de J. C. Cooper, leemos:
"Se acepta que las potencias positivas y negativas pueden cambiar de lugar; y deben hacerlo, en los diferentes niveles, tal como el piano emocional en el cual el aspecto femenino asume lo positivo y el masculino se convierte en lo negativo; el cambio tiene lugar de nivel a nivel tanto hacia arriba como hacia abajo."
Los Teósofos plantean que el hombre es masculino en lo físico, femenino en lo emocional, y otra vez masculino en lo intelectual, mientras que a la mujer le ocurre lo opuesto. Obviamente es una idea simplista, expuesta así, que ignora el detalle de que todos somos bipolares, pero sugiere una intuición de lo que estamos planteando. Los Taoístas plantean (como hemos visto) la misma actitud entre el Yin y el Yang, que no sólo intercambian papeles en cada plano, sino que ocurre también que "cuando el Yin llega a su punto extremo se convierte automáticamente en Yang, y viceversa". Este último punto nos aparece más claro si lo relacionamos con nuestras reflexiones en torno al Ocho. También los kabalistas plantean, como los taoístas, que lo que es femenino (Yin) con respecto a lo superior se vuelve masculino (Yang) respecto a lo que le sigue. Este es el caso del alumno que recibe enseñanzas (Yin) y luego, ya formado, las imparte (Yang) a otros que son como él era. Los kabalístas conocen también el cambio de polaridades derecha-izquierda entre las distintas esferas en cada cambio de nivel.

Y "como es arriba es abajo", así que no debe sorprendemos observar el Ocho en nuestro sistema nervioso, donde nuestros hemisferios cerebrales afectan cada uno al lado opuesto del cuerpo (hemisferio derecho-parte izquierda y viceversa). Nuestro sistema circulatorio también describe un gran Ocho. Los bebés permanecen invertidos dentro del útero de la madre antes de nacer...

Y ya no será difícil dar un paso más y decir que esa sucesión de Ochos enlazados forma una espiral, aunque quizá será mejor decir dos espirales entrelazadas e inextricablemente unidas, como las dos serpientes del Caduceo, como los dos nadis que se enroscan por los chakras. En esta forma aparece uno de los elementos más importantes de nuestra existencia y, quizá, una de las más importantes claves a las que conduce este estudio: el código genético.


Los Templarios y el 8
Parece ser que los Templarios poseían importantes conocimientos esotéricos y especialmente alquímicos. Un ejemplo de esto, podría estar en la propia cruz que servia de símbolo a los Templarios, la cual no era una cruz latina, sino una cruz de brazos iguales, triangulares, simbolizando a los cuatro elementos. Además de los cuatro elementos, la cruz presenta por su forma doce lados, evocando a los doce signos zodiacales. Por su misma forma, además, la cruz nos muestra la imagen de una pirámide desplegada.
El color de la cruz es rojo sobre fondo blanco, y estos son precisamente los colores de la Obra Alquímica y dos de los tres colores fundamentales del ocultismo tradicional (el tercero es el negro) y asociados también a los tres aspectos de la Luna.


La particularidad esencial de esta cruz es el hecho de estar trazada sobre un octógono perfecto, remitiéndonos a un número especialmente misterioso y sagrado para los Templarlos, el Ocho.

Otra forma de cruz templaria es la que presenta los cuatro triángulos con una abertura angular hacia adentro:
Este otro tipo de cruz nos conecta con el numero dieciséis (cuatro lados para cada brazo de la cruz), el duplo de ocho.



Algo del conocimiento iniciático de los templarios nos ha sido legado a través de sus castillos y fortalezas, sobre todo de sus templos, pues al igual que después sus herederos, grabaron el mensaje esotérico en las piedras de las catedrales, En ellos solemos encontrar grabadas alegorías alquímicas, esotéricas y astrológicas que resultan fácilmente reconocibles una vez conocidos los símbolos. En sus obras arquitectónicas aparece el ocho repetidamente, mostrándose en la forma de capillas, patios y torres octogonales que parecen ser algo más que una simple licencia artística.

El ocho ha sido asociado a misterios complejos del esoterismo, pero tiene un especial significado y relación con una letra a la que al parecer eran muy afines: la letra "T", que aparece en diversas construcciones y que, si bien algunos asocian a Ia "Tau" hebrea, resultará más interesante asociarla con la "Teth", también traducida como "T" y que es la octava letra del alfabeto hebreo.
La letra "Teth" representa a la serpiente Kundalini en su fase de iniciar el desenroscamiento o elevación y su significado, para los hebreos, es "serpiente". ¿Quizá los templarios conocían el poder serpentino y su utilización como transmutador de la consciencia y el empleo elevado de la energía sexual? Quizá nunca lo sabremos.

El Beauceant
Beauceant era el grito de guerra de los Templarios y el nombre que le daban a su bandera. Esta bandera adquiría el aspecto de una tela ajedrezada compuesta de cuadrados intercalados blancos y negros con la cruz paté en el centro. El simbolismo de la bandera representa la interacción polar entre blanco y negro, Yln y Yang, las dos fuerzas opuestas, masculina y femenina, activa y pasiva, que en su relación crean y sostienen todo cuanto existe. No resulta difícil ver aquí también un énfasis en el poder polar creador y, por tanto, en la sexualidad, así como tampoco una relación con el ajedrez, un tablero de ¡ocho x ocho! Nuevamente, otro símbolo templarlo se repite aquí: El Ocho.


Remitimos a los interesados a "Las claves Secretas de El Ocho" de Manuel Seral Coca, de las que hemos extraído algunos fragmentos.

  El  juego del ajedrez como metáfora espiritual. Es un juego curioso, con muchos simbolismos. Las 64 casillas, 32 blancas y 32 negras en similitud con el símbolo del yin-yang, con los 64 codones del ADN (las 64 posibles combinaciones), los 64 estados de mutación (64 hexagramas) del I Ching, etc. La batalla de la dualidad... Hay mucho simbolismo en el ajedrez, del cual podemos valernos para recordar nuestro Ser.

El ego tiende a apropiarse (erróneamente) de las acciones que produce la Vida-Unidad, y eso crea miedo y confusión. Es como si una pieza del ajedrez creyera... por ejemplo el caballo de ajedrez durante una partida creyera que es él, y no el Jugador, el que decide si saltar ahí o allí o quedarse quieto. El caballo egoico creería que es él mismo quien se sacrifica por "la causa" cuando el Jugador entrega un caballo para mejorar la posición y ganar la partida. El caballo egoico podría erróneamente apropiarse de la autoría de esa jugada, y creer erróneamente que él mismo ha decidido saltar a esa casilla, lo cual le produce miedo porque en realidad él no sabe nada.

Sin embargo, más allá de la acción aparentemente separada de las piezas, hay una Unidad que las une a todas: el Jugador que maneja ese bando, el cual es realmente el Autor, el que decide lo que se hace y lo que no se hace. Es la Voluntad del Todo. (Aparte está el simbolismo del "otro bando", con otro jugador que mueve las "otras" piezas, pero a ese nivel sucede lo mismo: ambos jugadores son "movidos" por una Voluntad unificada, aunque quizás sus egos se nieguen a darse cuenta de eso).

Una partida de ajedrez (como cualquier otro acto del teatro de la vida) es una bella obra de arte creada desde una Voluntad más allá de los egos limitados que creen que toman sus propias decisiones, sin darse cuenta de que toda acción proviene del Único Ser existente. Como complemento ,  unas palabras de Swami Ramdas:
  • Sabed que no sois esta mente agitada, sino el Espíritu inmortal, bienaventurado e inmutable.
  • Preguntaos quién sois, y vendrá de vuestro corazón la respuesta inmediata de que sois la Verdad y la Vida, eternas y perfectas.
  • No puede haber ninguna realidad en nosotros, considerados como individuos autores de  acciones.
  • No somos  seres cambiantes y perecederos; somos la verdad omnisciente, omnipresente, omnipotente, inmutable, inmortal y absoluta.
  • Somos para siempre uno con Él universo, aunque juguemos a hacer como si fuésemos diferentes de Él.
Swami Ramdas

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