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sábado, 20 de diciembre de 2014

LA BUSQUEDA DE "AYUDA EXTERIOR", LAS RELIGIONES, NUEVA ERA, SECTAS Y LA SINARQUIA DEL "PUEBLO ELEGIDO"

...Como siempre ocurre cuando el hombre se enfrenta a situaciones que le sobre-pasan y clama por ayuda exterior, queda indefectiblemente planteado un problema moral; es la antiquísima confrontación entre el bien y el mal.
En estos casos el principio fundamental que debe primar en el juicio sobre la “amistad” o la “enemistad” de las Potencias a las cuales nos dirigimos, es el discernimiento.
 
Cuando la “ley” es precisa, en sucesos que deben encararse jurídicamente por ejemplo, el discernimiento es automático, racional diríamos. En la compleja trama legislativa, miles de leyes entrelazadas cualitativa y jerárquicamente regulan la conducta del hombre en la sociedad civilizada. 
Existen “figuras” jurídicas typo que permiten orientar el juicio y determinar con precisión si lo que hace un hombre es bueno o es malo: es bueno si no produce contradicciones jurídicamente demostrables, es malo si falta a la ley.
Esto en cuanto a la conducta del hombre colectivamente ajustada a la “ley”. En la esfera individual el sujeto, generalmente ignorante de la gran variedad de leyes que reglamentan el Derecho, se conduce de acuerdo a su “conciencia moral”.
 Este concepto alude a que el hecho de ser miembro de una sociedad humana, tanto por la transferencia cultural de generaciones de antepasados como por la educación o simplemente la imitación del prójimo, capacita al hombre en el ejercicio de una especie de reflejo condicionado moral que actúa, al fin, como una intuición (conciencia moral o “voz de la conciencia”). 
Pero no se trataría de una verdadera intuición, sino de la apariencia de ésta y lo que sucedería sería que un estrato de experiencias morales, asimiladas por los medios mencionados o por cualquier otro y reducidas a nivel inconsciente, actuarían automáticamente guiando a la razón en el discernimiento de las oposiciones establecidas y determinando la lógica del juicio.

Se comprende que cuanto más “automáticamente” se desencadena este mecanismo psicológico, tanto más debilitada está la voluntad de discernir. El gusto o la comodidad por habitar en medios poblados o ciudades, habla sobre el predominio de estos procesos inconscientes y explica el miedo pánico a enfrentarse con situaciones o circunstancias originales donde pueda fallar el discernimiento. 
 De allí la falacia de creer que el “habitat” ciudadano, ámbito cultural por excelencia, hace al hombre más “equilibrado”, cuando la verdad es que el individuo de los medios rurales suele poseer un discernimiento moral más certero, no racional sino emanado de las profundidades del Espíritu.

El sereno juicio de hombres a los que solemos tomar por ignorantes, podría llegar a sorprendernos. Sin la costra de infinitas costumbres decadentes cristalizadas en todos los sitios de la mente, estas gentes sencillas experimentan también estados de conciencia trascendente, sin hacer demasiada bulla y, lo que es bueno, sin efectuar “clasificaciones parapsicológicas”.
A los efectos de comparar ambas conductas, supongamos que han sido puestos (el ciudadano y el hombre rural) a elegir entre Dios y el Demonio, siendo el segundo la imitación del primero. Con toda probabilidad, la inclinación racionalista del ciudadano, lo incapacitaría para discernir entre esencia y apariencia Divina. Tal vez esta distinción tampoco la pueda realizar la simple mente del campesino; pero, por esta misma simpleza o pureza, él podrá “presentir” la presencia de Dios, tener la “certeza” de distinguir entre la verdad y la mentira.
Podrá parecer muy difícil que a alguien se le plantee una disyuntiva
semejante, pero para mí ésa era la cuestión al considerar la necesidad de recibir “ayuda exterior”. 
Porque esta ayuda sería, por sobre todas las cosas, “ayuda espiritual”, y ese auxilio sólo podría provenir del “más allá”, de un Mundo trascendente a la materia y al hombre. Y aquí es donde Yo me había detenido perplejo en el pasado: ese “otro Mundo” 
¿qué Dios lo rige? 
¿cuál es la verdadera Religión del Espíritu? ¿quiénes son sus representantes en la Tierra?  ¿dónde está la Puerta hacia Dios, hacia el Mundo de Dios, hacia la Patria del Espíritu?
Durante muchos años busqué la verdad de estas preguntas, pero jamás
como ahora estuve ante una situación límite en que la necesidad de discernir se hacía incompatible con la vida corriente. Pues, estaba seguro, ya no podría avanzar más en mi vida sin encontrar una respuesta; tenía 36 años, pero hacía por lo menos 15 que “buscaba” res-puestas. 
En esa búsqueda había transitado un camino sinuoso que no desdeñó las cumbres intelectuales de la Filosofía y la Ciencia, ni los abismos irracionales de Religiones y Sectas.
Recordaba que al principio había estado orgulloso de tener una formación “occidental”. Preparado en un ambiente de crudo cientificismo racionalista, hubo tiempos en que llegué a confiar ciegamente que las metodologías de la investigación empírica eran el único camino para obtener un conocimiento cierto del Universo. 
Pero pasaron los años, aparecieron angustias que no podían reducirse por ninguna “metodología” y entonces consideré la posibilidad de explorar otras vías de conocimiento.
 
Recorrí en esa búsqueda mil tendencias filosóficas y religiosas; leí cientos de libros y practiqué muchos ritos de Cultos distintos. Pero siempre ocurría lo mismo; mientras las teorías y dogmas, expresados de todas las formas imaginables, eran cuando menos dignas de respeto, no podía decirse lo mismo de las organizaciones que sustentaban tales ideas.
 A menos que uno estuviese cegado por una fe fanática, acababa por descubrir “atrás” de las Ordenes o Sectas –o simplemente de los “Líderes”–, el fin subalterno e inconfesable; la ligazón inadmisible e intolerable.
Estos fines ocultos, fui descubriendo con indignación, obedecían a tres
modos de operar de las fuerzas sinárquicas: un modo “militar”, un modo “político”, y un modo “religioso”, sin que esta clasificación implique orden de importancia o aparición.
 Las “Sociedades Secretas sinárquicas”, usaré este nombre genérico, podían comportarse de acuerdo a uno, dos, o a los tres modos mencionados, y tender firmemente al cumplimiento de sus fines secretos. En última instancia, comencé a sospechar, todas se unían en un objetivo común:
Obtener el dominio del Planeta, favorecer la toma del Poder mundial por parte de un grupo jerárquico de hombres. 
 Naturalmente, que entonces Yo ignoraba, hasta la lectura de la carta de Belicena Villca, que los destinatarios del esfuerzo universal de la Sinarquía eran los miembros del Pueblo Elegido.
 Pero, he aquí lo que Yo comprobaba: los Servicios de Inteligencia de cualquier especie y país, modo “militar” de las Sociedades Secretas sinárquicas, se ocupan de infiltrar todas las organizaciones posibles, incluídas las sectas o Iglesias religiosas, cuando no las controlan directamente, como por ejemplo ocurre con la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días (Mormones) que está hábilmente manejada por laC.I.A.
 El marxismo internacional, el trotskismo, el sionismo, etc., modos “políticos” de las Sociedades Secretas, están atrás de cientos de...
inocentes organizaciones que les sirven de fachada. Y dentro de los modos “religiosos” se cuentan miles de grupos o grupúsculos controlados por la Sinagoga, las Iglesias Protestantes, el Islam, el Budismo, y hasta la Iglesia Católica. Y siempre el fin último es el formar un espectro lo más amplio posible para abarcar todas las variantes ideológicas y captar a todos los disidentes de las Grandes Líneas
Internacionales.
 “Nadie debe quedar fuera del control de la Sinarquía” 
 parece ser la consigna que los guía.
El descubrimiento de esta negra realidad, subyacente bajo falsas promesas de elevación y progreso espiritual, me llevó a ese estado de “ausencia de ideal” que definí en otra parte del relato. 
A partir de allí continué viviendo más o menos normalmente y hasta me interesé por la Antropología, pero la reacción a las engañosas experiencias pasadas me indujo a desconfiar sistemáticamente de la “buena fe” de las instituciones socialmente organizadas. 
Llegué a sentir espontánea repugnancia al tomar contacto, por primera vez, con alguna asociación cuyo fin declarado –Yo lo adivinaba inmediatamente– era veladamente traicionado en favor de sus internacionales tendencias ocultas.
Definitivamente Yo no confiaba en ninguna organización terrenal como

intermediaria entre un Orden Espiritual Superior y el Mundo Material.

Del libro El Misterio de Belicena Villca (pág. 449-452)

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