UNA NUBE SIN DENSIDAD E INVISIBLE PERO TENEBROSA, SOBRE NUESTRAS CABEZAS
Por José Navajas Moreno
(Editor, escritor, filosofo Vital)
Cuando se Clama al Cielo, o ¡¡Clamar al Cielo!!, es una expresión que se cuela en la construcción de nuestro discurso, cuando nos referimos a algo gordo, importante y sin resolver, cuando creemos que la justicia humana no va a solucionar algo, o que afectándonos ese algo, ésta, (la justicia), ha dado un veredicto que creemos injusto, que chirria con nuestra conciencia, o que "ese algo gordo" ha sido tapado antes de que pudiera llegar a ser juzgado.
Cuando el asunto sin ser tan gordo sobrepasa lo superficial, cuando es de enjundia, también utilizamos la misma expresión para indicar que es absurdo, que supone el colmo, o que es injusto y merece reprobación e incluso condena. Literalmente "se llama al cielo" para que ejerza justicia, porque en la tierra no la va a haber.
Es un recurso de nuestra lengua que define muy bien un sentimiento o conjunto de sentimientos muy humanos y que hay que situar al margen de creencias religiosas o del proselitismo de alguna iglesia.
Y también un refrán muy definitorio dice:
¿A dónde va vicente? A donde va la gente. ¿A dónde va la gente? A donde va vicente.
He escrito Vicente en minúscula para resaltar la marcada diferencia existente entre la palabra del refrán y el nombre propio. Si alguno de mis lectores se llama Vicente, o tiene un familiar que se llame así, le hago notar que yo no inventé el refrán y que mi intención no es ofenderle, ni a él, ni a quienes así se llamen.
El refrán es conocidísimo en el mundo de habla española y suele acortarse diciendo sólo la primera parte: "¿A dónde va vicente?"
Hablemos del vicente del refrán. No piensa mucho, excepto para ver qué hacen y a dónde van los demás, y les sigue. Flota con la corriente, se deja llevar y sigue fielmente las consignas lanzadas desde los medios de comunicación o de instituciones de poder o religiosas y con predisposición se deja lavar el cerebro. Así es la vida para muchos. Por suerte o por desgracia, (yo estoy seguro de que por desgracia), el poder del grupo, de la masa, les determina todo, o casi todo. Se miran y se siguen, sin pensar en otra cosa que: "¿qué hacen los demás?"
Y a los que no actuamos así, que no somos ni queremos ser un vicente más, nos dicen que "nos han comido el coco". Bueno, … también hay un refrán que dice: "a los locos hay que darles la razón", así que, sin llegar a tanto, pensemos, meditemos, discernamos … y lo probable es que seamos más felices, contribuyamos a construir una sociedad que no sea tan injusta y asquerosa como en la que vivimos y tengamos nuestras conciencias tranquilas, dejando de ser "uno más de los vicentes".
Hago estas reflexiones para referirme a dos asuntos muy dolorosos, que tienen el mismo origen, y que cuando los hablo con unos y con otros, vicentes o no, que se sitúan en lo "políticamente correcto" de uno u otro bando, o de "vicentes seguidores de dogmas religiosos", me miran como decía en el párrafo anterior: "como al loco al que hay que darle la razón". Pero es que "a mi edad" y habiendo procurado durante toda mi vida situarme en la libertad, en la dignidad, en llegar al fondo de las cosas y en apartarme de las manipulaciones marcadas por poderes e instituciones, no es precisamente este, (me refiero al momento, a la coyuntura que estamos viviendo), un momento para callar, aunque al hablar (en este caso es escribir) se entre en un barrizal y en consecuencia se manche uno de barro. Pero si alguien saca algún beneficio de estas reflexiones, la recompensa habrá sido bastante. El barro se limpia con una ducha y la ropa en la lavadora.
Claman al Cielo las causas que provocan la mal llamada violencia machista, o violencia de género, a la que interesadamente le han dado ese nombre, pero que con esas palabras definen mal y tangencialmente el problema. La violencia se manifiesta y ejerce de muchas formas y a la que voy a...